En un apartado especial de este curso nos referimos al color y a su influencia sobre el espíritu. Todo cuanto allí decimos con respecto a los adultos, debe comprenderse que se acentúa grandemente ante la sensibilidad infantil que está siempre en condiciones de recibir las influencias del medio con más acento que los adultos.
La habitación del niño debe tener luz y si es posible sol, elementos que son factores de vida y que propician el desarrollo de su propia vida. La psicología ha estudiado las influencias de los colores sobre el espíritu, y además de la clasificación de colores fríos o cálidos que hemos indicado en la p:trte que hace referencia al color, diremos que el rojo es el color de las emociones.
Es el color mediante el cual el niño, cuando pinta libremente, expresa sus estados emocionales más intensos. El verde es el color de la vida, de todo cuanto crece y palpita vívidamente. El amarillo y el naranja los hemos clasificado como colores cálidos; dan armonía y brillo a las habitaciones. El azul es un color de intelectualidad, y cuyas combinaciones armonizadas dan ambientes muy gratos.
La imaginación infantil es de una extraordinaria riqueza, y más que acentuarla en muchos casos, la pedagogía recomienda encauzada, es decir, dejada crecer libremente, pero dentro de un chupo que ha de favorecer y no entorpecer el crecimiento emocional del niño. La imaginación poblada de brujas y animales feroces entorpece la serenidad de su ánimo; esa misma imaginación llevada a la vida normal, a los héroes y a las aventuras nobles puede traducirse en propios beneficios.
Los colores que han de colocarse sobre una pared pueden representar seres legendarios, escenas de hadas y seres fantásticos, pero también pueden diseñar un mapa estilizado de una región geográfica, en la que los animales, los hombres y las ciudades estén pintados en forma bella y que despierte interés a los niños. Los trajes, sobre todo en regiones desconocidas y lejanas tienen siempre gran atracción para la imaginación infantil. Ese panneaux es así una contribución a su propia educación en lugar de un elemento perturbador. Las escenas o los ambientes referidos al mar, a los bosques y al campo tienen especial atracción para los niños, sobre todo después de las primeras vacaciones pasadas junto a las olas o en compañía de los árboles y las plantas.
Enseñar deleitando, reza un principio fundamental de la educación y éste puede cumplirse efectivamente desde los primeros años de vida.
Dentro de la habitación destinada a los niños, tienen primordial importancia los juguetes, puesto que son las piezas, las herramientas, con las cuales realizan su trabajo diario, logran destreza; tienen idea de movimiento, de color y de velocidad, adquieren la sensación de choque, de fuerza, de energía, de peso, de belleza., de propiedad, de equilibrio, etc.
Es a través de esa mecánica simple e ideal del juguete, de su forma y color, cómo va recibiendo las primeras sensaciones, que aprende y crece Debe ponerse especial cuidado en su flección; y aquí, como en lo que a los muebles se refiere, debe evitarse todo cuanto puede ser un peligro físico a su cuerpo, las puntas hirientes, los perfiles agudos, los objetos frágiles y que pueden causar disturbios en sus juegos.
El niño busca a menudo formas de expresión. Juega en la playa y da forma a los puñados de arena. Generalmente se le deja: "Porque no se ensucia".
Pero juega con la tierra en igual forma, moldea, crea formas, se expresa por su intermedio, y aquí viene la prohibición: "No, porque se ensucia". Adiós escultura. Otras veces quiere pintar. Encuentra en los colores brillantes y vivos una oportunidad de descargar su vida interior ya comprimida por tantas reglamentaciones y órdenes. Pero pobre de él si se quiere pintar bigotes o cubrir sus manos con color: "No, porque te ensucias"; y adiós pintura. Vuelve a quedarse sin medios para expresar aquella fuerza que hoy brota incesante y pujante en él.
Entonces decide tocar el tambor. Los golpes van y vienen, ensaya unos pasos de danza que adquieren mayor energía a medida que el ritmo se hace vivaz, y como el padre duerme, tras un azote, se queda sin tambor y sin danza. Entonces no le queda más remedio que la voz. comienza a dar gritos con un poder insospechado, y si es posible se tira al sucio para ensuciar aquella ropa inmaculada por la que no ha podido usar sus manos con la. tierra y sus colores cuando estaba pintando. Sus gritos despiertan al padre, acude la familia, una reprensión mayor y a la cama. Y luego dirán: "Tiene tan mal carácter este niño ... "
La observación y el verdadero afán por comprenderlos, subsanará muchos inconvenientes entre el niño y las personas mayores que con ellos hemos de vivir.
La comprensión de su personalidad, el respeto por sus reacciones y la inteligente observación de sus razones y sus porqué nunca, el niño hace nada sin un profundo porqué~, irán dando la clase más segura de elementos para ayudar a crear su mundo dentro de la casa.
Un niño feliz será el pago de estos afanes inteligentemente dirigidos, y dentro de un hogar nada puede equipararse a esa hermosa realidad. Si aprovechamos esas oportunidades que el niño mismo va dando, lograremos determinar ese ambiente cálido y tranquilo, poblado por su propia y sana imaginación, donde crecerá sin moldes que ajusten su individualidad, y donde sus más puras expresiones le permitirán crear un mundo hermoso, y contribuir él mismo a la felicidad de líos otros, incorporándose al movimiento de la casa en todo cuan tu ésta tenga de trabajo, afanes, luchas y alegrías.